TODOS SOMOS
HERMANOS,
HIJOS DE LA
MISMA LLAMA DIVINA
Han
pasado muchos años desde la última vez, en que tus sandalias y las mías
barrieron las polvorientas calles de Galilea.
El
día de la separación te pedí humildemente que apacentaras mis ovejas.
En aquella
época, no pensaba ni siquiera en la posibilidad de volver aquí.
La
prueba que había pasado fue tan dura, y las heridas de mi corazón tan grandes y
tan frescas, que aunque las lágrimas habían cesado de fluir de mis ojos, el
llanto amargo de la decepción y el dolor de mis heridas turbaron grandemente
aquella despedida entre hermanos.
Sé
que te quedaste esperando mi respuesta, pero con tu carácter llano y sencillo,
con tu sabia y dulce mirada del pescador acostumbrado a ver el designio del
Padre escrito en las estelas de tu barca en el mar, aceptaste tu misión sin una
duda y sin una queja.
No te
pedí que me acompañaras, y aun así, sé que el remordimiento de tu negación, te
habría obligado a ir conmigo rumbo a la muerte, de ser necesario.
Pero
yo debía caminar adolorido y en soledad, hasta que las dulces lágrimas de la
aceptación me hicieran olvidar y perdonar.
El
día que volví con Él, que es tan grande y está tan por encima de nuestras
debilidades, me conmovió su paternal amor y fueron sus dulces sentimientos, el
bálsamo más precioso y por fin ese día, pude decir LOS PERDONO, realmente y de
corazón.
Mi misión fue gritar a los vientos que todos somos
hermanos,
hijos de la misma llama divina, alimentados del
mismo amor.
Que no existían diferencias entre nosotros,
y que las
barreras impuestas por los hombres para separarnos,
terminaban en la tumba,
pues no tenían real motivo de existir que el de
delimitar tumbas.
Mi mensaje se perdió entre sangres y mártires,
se erigieron inmensas estructuras
hechas
unas para gobernar en mi nombre
y otras para negar mi existencia.
Lo cierto es que el mensaje de unión se convirtió
en lo contrario.
HERMANO,
la evolución de las almas no se detiene, continúa aun por debajo de la lava del
volcán.
Muchas
almas ahora te acompañan en tu camino, pero hay muchísimas otras que sienten la
necesidad de la evolución, pero no hallan quien las oriente.
HERMANO,
¿ves el humo del incienso que tienes frente, ves como se eleva y llena con su
leve y agradable fragancia tu entorno?
Así es la verdad que comienza a resplandecer en
los hombres,
quizás esta verdad se halle empañada por la escasa
comprensión de los hombres,
pero el hecho de que no veas la llama arder en sus
corazones,
no
significa que no esté allí.
Tienes
una misión que cumplir,
sé
que te resulta difícil quizás casi imposible
para
un hombre de tu edad y tus limitaciones,
pero no te preocupes,
se
irá allanando tu camino y
desapareciendo
poco a poco tus limitaciones.
Sé
que deseas oírme y sentirme como en los viejos días de Galilea, pero ahora soy
distinto.
Tus
ojos no están acostumbrados a distinguir a través de la luz trascendental al
hombre con quien compartiste la etapa más significativa de tu vida, la
experiencia que cambiaría para siempre la conciencia kármica.
Hoy vamos a retomar una vieja
experiencia con quien fuera Tu Maestro.
Te solicito que vuelvas bajo mi guía al Mar de Galilea, y que ante Tu
Maestro,
puedas al fin formular las preguntas que no hiciste en su momento.
Regresa por un momento al lado de Él, y recuérdalo tal como en aquella
época.
Aprenderás a verlo con los ojos amorosos del alma y del sentimiento.
Así es la forma en que deben verse quienes compartieron sus vidas.
Respira muy lentamente y retorna poco a poco.
Conscientemente Tu Maestro te estará esperando.
Podrás ver lo que fuiste junto a Él.
No te pares en los errores, ¿ pues
qué querías?
¿Dejar de ser humano?
Tu mismo Maestro se hizo humano para
entender a sus hermanos los hombres.
¿Quieres tú acaso dejar de ser humano para mandarlos
y entenderlos?
Ven, vuelve a sentir la cálida brisa del verano Galileo,
el olor del mar cercano
y de la pesca fresca,
y comparte con Tu Maestro, el pan y el
pescado, como lo hiciste antes.
Toma las manos de Tu Maestro, como lo hacías antes,
y te será más fácil seguir el hilo de plata
que te une,
con lo que fuiste.
Luego cambiarás, este cambio te dolerá un par de días,
Pero tú sabes muy bien,
Que es necesario.
LUEGO, PODRAS
HABLAR SIEMPRE CON TU MAESTRO.
EMMANUEL